Capítulo Cuarenta y Tres

La cita era a las diez.

Se sentaron en la sala de espera de una clínica privada que Rodrigo había encontrado, de esas con alfombras gruesas, sin revistas visibles y una recepcionista que sonreía sin mostrar los dientes. Valentina estaba sentada con las manos en el regazo, mirando la pared e intentando que su rostro no expresara nada.

Emilio estaba sentado a su lado. Sin tocarla, sin hablar. Solo ahí.

No había dormido bien.

Había permanecido en la oscuridad repasándolo desde todos los ángulos y
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