La cena transcurrió en calma para todos, excepto para Hayley, quien no dejaba de sentir el peso de la mirada insistente del pelinegro. Los nervios habían hecho estragos en su apetito; por más deliciosa que hubiera estado la comida preparada por Eleonor y Loren, su estómago parecía haberse cerrado. Apenas había probado pequeñas raciones de los diversos platillos en la mesa, como si cualquier bocado pudiera atragantarse con las emociones que se agitaban en su interior.
¿Cómo podía actuar con norm