Hayley abrió los ojos con sorpresa, pero no dijo nada de inmediato. En cambio, apretó la mano de Kenia con más fuerza, animándola a continuar. Sabía que necesitaba desahogarse.
—¿Cómo te enteraste? —preguntó finalmente, tratando de no sonar invasiva, aunque sentía una punzada de rabia e impotencia por lo que estaba escuchando.
—Hace una semana comencé a sentirme mareada… y descubrí que estoy embarazada —admitió Kenia con un hilo de voz, haciendo una pausa para contener las lágrimas—. Quería dar