Kaia estaba feliz después de haber cenado tan delicioso sándwich, en casa de Fabrizio solo había zanahorias y unas lechugas. Y se había tenido que conformar con una ensalada improvisada.
– ¿Cuándo podré empezar a empacar?
Parecía una niña de siete años a la que le habían prometido el mejor de los regalos. Kaia quería abrazarlo y llenarlo de besos, pero se contuvo. Entre los dos recogieron los platos y los lavaron.
–Te dije que estaban buscando la casa, no que ya nos íbamos a mudar.
Llegaron a l