Capítulo 23. Un nuevo día

Al despertar al día siguiente Vincenzo no tenía prisa por levantarse, tenía a su esposa cómodamente acostada en su pecho, de nuevo sus piernas estaban entrelazadas. Al parecer esa posición era muy cómoda para ella.

Desearía quedarse todo el día así con ella, desde hacía unos días él sentía que había cambiado, la mujer acostada en su pecho tenía la piel de su rostro tan tersa como la de un bebé. Sonrió, no la entendía, pero algún día le preguntaría por qué la cubría de esa forma.

El corazón de K
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