.98.
Sofía tocó la puerta con delicadeza y entró al despacho de su padre cuando escuchó su voz. La mirada de furia que le dedicó a su madre rápidamente cambió a una de angustia. El semblante de Arturo no era el habitual; se encontraba parado junto a su escritorio con el entrecejo bien pronunciado al observarla. Le señaló un asiento, pero Sofía prefirió quedarse de pie, sin hacer nada ni decir una palabra.
No sabía cómo empezar la conversación. Sofía sentía un poco de miedo; podía sentir el regaño de