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No pasó mucho tiempo antes de que Martha apareciera entrando desde el jardín. Al verla, Sofía notó el gesto de sorpresa acompañado por una pizca de fastidio. Parecía que su madre solo había salido cuando se aseguró de que Arturo ya no estaba, pero pronto supo que no era así; el disgusto en la mirada de Martha era genuino, como si la presencia de su hija fuera una interrupción no deseada.
Martha vestía un mandil y guantes de jardinería; estaba completamente equipada para su actividad favorita: c