Sentí sus dedos moverse dentro de mí, abriéndome, buscando el punto más sensible. Su lengua seguía jugando con mi clítoris con un ritmo que me hacía perder el control. Me mordí el labio, tratando de contener los gemidos cada vez más fuertes, pero fue inútil.
—Luca… aahh… yo…
—Todavía no. Aguanta.
—¡Pero no puedo!
—¡PUEDES, CAMILA!
Su voz firme me sobresaltó. Me esforcé por contener el orgasmo que ya estaba a punto de estallar. Luca ralentizó sus movimientos, ayudándome a aguantar. Su lengua, qu