Ethan estaba de pie junto a mi mesa. Llevaba una camisa azul y pantalón gris. Su cabello estaba ligeramente despeinado, como si acabara de levantarse. Sus ojos me miraban con una expresión que no pude descifrar.
—¿Ethan? ¿Qué haces aquí?
—Te he estado siguiendo.
—Desde la fiesta de anoche. Te vi irte con tu esposo. Sé en qué hotel te alojas. Esperé hasta que él se fue.
Lo miré con los ojos abiertos de par en par.
—Estás loco. No puedes seguirme así.
—Lo sé, pero necesito hablar contigo.
—¿Sobre