Cerré los ojos, pero no podía dormir. No porque Luca me molestara. Él estaba tranquilo. Su mano seguía en mi espalda, pero solo quieta allí, sin moverse, sin apretar, sin hacer nada. Su respiración era regular. Podía sentir su pecho subiendo y bajando a mi lado.
Pero mi mente era un caos.
¿Por qué estaba pensando en esa mano en otro lugar? ¿Por qué imaginaba su mano cálida bajando más, tocando mi trasero, deslizándose entre mis muslos? ¿Por qué imaginaba sus largos dedos entrando dentro de mí,