No sé cuánto tiempo estuvimos haciendo el amor. Una hora. Dos horas. No lo sabía. Lo que sí sabía era que mi cuerpo se sentía como si hubiera sido golpeado por ola tras ola de placer.
Luca se movía encima de mí, a mi lado, detrás de mí, alternando como un hombre que nunca se cansaba. Tuve orgasmos tantas veces que perdí la cuenta, y cuando por fin ambos alcanzamos el clímax por última vez, me desplomé sin fuerzas en su abrazo, con la respiración agitada.
—Camila —susurró.
—¿Qué? —mi voz salió r