Luca me llevó por el largo pasillo hacia nuestra habitación. Sus fuertes brazos sostenían mi cuerpo con cuidado.
Podía sentir los latidos de su corazón, rápidos y fuertes contra su pecho. O tal vez eran los míos. No lo sabía. Lo que sí sabía es que estaba muy cansada. Mis pies se sentían como si hubiera corrido un maratón, mis ojos pesados y mi cabeza mareada.
Esperaba que esta noche no me pidiera sexo.
Pero, maldita sea, Luca nunca podía contenerse.
La puerta de la habitación se cerró tras nos