Esa tarde llegó más rápido de lo que pensaba.
Ya me había bañado, cambiado de vestido y arreglado el cabello. Elegí un vestido largo color crema, de mangas largas, recatado, sencillo, sin demasiados adornos. Quería verme como una buena nuera. Al menos por ese día, para el padre de Luca.
El reloj marcaba las cuatro de la tarde cuando el mismo coche negro entró por el portón de la mansión.
Luca bajó del asiento delantero. Abrió la puerta trasera, y de allí salió un anciano en silla de ruedas.
El