No sabía cuánto tiempo llevaba sentada allí. Solo estaba allí, inmóvil en esa silla, mirando los espaguetis ya fríos y secos sobre el plato, mientras mis lágrimas seguían cayendo aunque ya no estuviera llorando. Solo estaba sentada con las mejillas húmedas y el pecho oprimido.
Los sirvientes limpiaban la mesa a mi alrededor con cuidado. Elena retiró el plato que tenía delante con las manos temblorosas. Aria limpiaba las migas de pan del mantel con la mirada baja.
Me levanté de la silla con las