Sonrió con satisfacción y comenzó a moverse de nuevo, esta vez más brutal. Su mano libre golpeaba mi culo repetidamente mientras seguía embistiendo. Ya no pude contenerlo más. El orgasmo llegó como una ola, mi coño palpitando con fuerza alrededor de su polla, los líquidos escurriendo por mis muslos.
—Bien —jadeó—. Qué apretada estás. Joder...
No se detuvo. Siguió embistiendo a través de mi orgasmo hasta que temblé y las lágrimas brotaron. Solo entonces sacó su polla, soltó las cuerdas de mis ma