Me senté en la acogedora salita, sosteniendo la taza de té caliente entre mis manos, pero mi mente estaba muy lejos. Las palabras de Nathalia aún resonaban en mis oídos.
—¿Traes a tu exesposa y a la hija de otro hombre a la casa de los Vitale?
Esa frase se repetía una y otra vez en mi cabeza, apretándome el pecho. Nunca me había sentido tan pequeña. Solo era una mujer mexicana, viuda y con una bebé de otro hombre, y estaba en medio de una familia que me veía como una amenaza.
Luca se sentó fren