Me quedé helada al escuchar las palabras de Serafina.
—¿Vender órganos? ¿Vender bebés? ¿Qué quieres decir? —pregunté.
Serafina se rió, una risa histérica de una mujer que ya lo había perdido todo.
—¿Crees que Luca compró ese hospital por amor? ¡Lo compró porque necesita acceso a los pacientes! ¡Necesita cadáveres frescos para extraer órganos! ¡Necesita bebés no deseados para venderlos a sectas oscuras que pagan fortunas por ellos!
Miré a Luca, buscando un desmentido. Pero él solo se quedó allí,