El viaje al hospital se sintió eterno. Estaba sentado en el asiento del acompañante, mirando por la ventanilla con la mirada perdida. Mi mente seguía llena de las imágenes horripilantes de aquel almacén: los disparos, los gritos y el cuerpo sin vida del doctor Mario. Temblé, sintiendo un frío que calaba hasta los huesos.
Luca estaba sentado a mi lado, su mano sujetando la mía con fuerza. No hablaba mucho, pero podía sentir la tensión en su cuerpo. Él también pensaba en lo mismo: la crueldad que