Seguía arrodillada en el suelo frío y duro, con las rodillas doloridas por el golpe. Pero ese dolor físico no era nada comparado con el miedo que recorría todo mi cuerpo. Miré a Luca con los ojos llenos de esperanza, rezando en silencio para que encontrara una salida a esta horrible situación.
Luca me miró, y por un instante vi duda en sus ojos. Pero luego desvió la mirada hacia Franco, y su expresión se volvió más fría.
—Sabes que jamás colaboraré contigo. Ya cruzaste la línea al secuestrar a