Después de terminar la ducha y ponernos ropa seca y cálida, me sentí como una persona nueva. El agua caliente había disipado el frío y la tensión de mi cuerpo. Luca me abrazó con fuerza, y nos recostamos en la cama un rato, disfrutando del silencio y la intimidad que acabábamos de recuperar.
—Esta es la primera vez que me siento realmente feliz desde que dejamos México.
—Yo también —dijo Luca, tomando mi mano y apretándola con fuerza.
—Pero todavía tenemos muchos problemas, Luca. Tu padre, Sera