A la mañana siguiente, desperté con la luz del sol entrando por la ventana de la habitación. Luca seguía dormido a mi lado, con su brazo rodeando mi cintura con fuerza. Miré su rostro tranquilo, sintiendo una felicidad difícil de explicar.
Besé su frente y me levanté de la cama. Caminé hacia la ventana y contemplé el paisaje del mar azul, con las olas rompiendo a lo lejos. El aire fresco de la mañana entraba por la ventana, haciéndome sentir renovada y llena de energía.
—¿Ya estás despierta? —l