Vi a Serafina de pie a lo lejos, detrás de unas rocas, con los ojos muy abiertos y llenos de furia. Gemí más fuerte a propósito, arqueando mi cuerpo bajo Luca, haciendo el espectáculo aún más evidente. Quería que ella viera. Quería que supiera que Luca era mío, no suyo.
—Ahhh... Luca... sí... no pares... —gemí deliberadamente, mi voz resonando a lo largo de la playa.
—No voy a parar —susurró Luca en mi oído, sin notar la presencia de Serafina—. Nunca voy a parar.
Vi a Serafina morderse el labio