Luca suspiró profundamente. Pude ver la tensión en su mandíbula, sus músculos endurecidos como si estuviera conteniendo algo. Pero luego, su expresión se volvió más suave. Dio un paso hacia mí y extendió la mano, colocando su palma cálida sobre mi frente.
—Tienes fiebre. Estás muy caliente.
Me aparté, apartando su mano con brusquedad.
—¡No intentes desviar mi atención! ¡Esto es serio! Oí una conversación sobre el tráfico de órganos y mencionaron tu nombre. ¡Tengo derecho a saber la verdad!
Luca