Pasaron seis meses desde que comencé a trabajar en aquel hospital. Seis meses llenos de altibajos, risas y lágrimas, pacientes que llegaban sin cesar y largas noches en la sala de urgencias.
Sentía una felicidad que nunca antes había experimentado: la felicidad de ser médica de nuevo, la felicidad de ayudar a los demás, la felicidad de reencontrarme a mí misma.
Pero detrás de toda esa felicidad, comenzaban a verse columnas de humo a lo lejos. Susurros que empezaba a escuchar, aunque no fueran c