Miré a Luca con los ojos aún encendidos por la ira, pero en medio de ese enfado, algo se movió en mi mente. Quizá esta era una forma de hacerle entender, o al menos de hacerle consciente de que su comportamiento no era normal.
Respiré hondo, intentando calmarme.
—Ya he tomado una decisión.
Él me miró con una ceja levantada.
—¿Qué?
—Quiero seguir estudiando. Quiero ser psiquiatra.
—¿Psiquiatra? ¿Hablas en serio?
—Hablo en serio. Ya perdí mi licencia por el caso de drogas que me tendieron. Pero n