Entré a la casa y cerré la puerta detrás de mí con suavidad. En la sala, Sofía y Diego seguían acariciándose en el sofá, sin prestar la más mínima atención a mi presencia. Mi padre estaba sentado en la cocina, mirándome con una expresión inquisitiva, pero yo solo negué con la cabeza y caminé hacia mi habitación.
Me senté al borde de la cama, mirando la cámara oculta en el techo de mi cuarto.
Mi teléfono volvió a sonar. Era Luca. Esta vez, una videollamada.
Casi no quería contestar. Pero mi mano