Matías. Mi compañero de la escuela. Estaba de pie bajo la luz del parque, vistiendo una camisa blanca de manga larga con las mangas arrolladas hasta los codos, mostrando unos brazos fornidos quemados por el sol mexicano. Matías siempre había sido guapo, desde la preparatoria. Pero ahora se veía más maduro, más seguro de sí mismo. Sonrió ampliamente al verme, y esa sonrisa trajo de vuelta mil recuerdos.
—¡Camila! ¡No puedo creer que estés aquí!
Caminó rápido hacia mí, abriendo los brazos para un