KENDRA
Siempre he estado sola, y al parecer ahora no es la excepción, cuando aparece el tipo rubio de ojos más negros que la noche, sé que las cosas no van a terminar bien, a mi mente vienen los recuerdos de aquella noche en la que me violaron.
—Me dijeron que eras más divertida —rompe el silencio—. ¿Acaso te comieron la lengua los ratones.
Hay una nueva risa que provoca que se me erice la piel.
—Déjame ir, por favor… —suplico en vano.
Los mafiosos no tienen fama de dejar fuera a sus víctima