LIAM
HORAS ANTES
Nada me quita el maldito resquemor que me agobia, la sangre se derrama por mis manos cuando el sonido lejano de mi móvil, hace que despierte. Casi amanece y me incorporo. Viendo que un número resplandece en mi pantalla. Ronan.
—¿Sabes la hora que es? —gruño atendiendo.
—Buenos días para tí también.
—¿Por qué tu llamada tan temprano? ¿Acaso tus hijos no te dejan dormir? —bromeo mientras me asomo por la ventana con el torso desnudo.
—Mi familia no tiene nada que ver con esta