KENDRA
Estas son la clase de cosas que me hacen pensar que quizás lo mejor hubiera sido seguir encerrada en aquel centro psiquiátrico. Las manos me tiemblan, no, no se trata de un fantasma, esto es real, no es un juego, ni de cerca, cierro la puerta a mis espaldas al tiempo que me permito tomar una bocanada de aire, pareciera que he olvidado cómo se respira incluso.
—Papá —susurro.
—Me alegra saber que me recuerdas, princesa.
Odio que me diga de esa forma, siempre se lo he dicho, y eso se de