Antes de volver a la habitación de Asad, Rashad pasó a ver como se sentía Salma, ese día era el último de quimioterapia antes de realizar el trasplante al día siguiente. La enfermera le dijo que no había sido un buen día para la niña, había vomitado en dos oportunidades y las náuseas no la dejaban comer, sin embargo, al verlo una sonrisa cansada se asomó a su cara.
—Hola, princesa Salma, ¿cómo ha estado tu día? —dijo Rashad.
—Hola, Rashad, hoy me siento malita, tengo hambre, pero las náuseas no