Desde el punto de vista de Mina
—Puedes irte. —dijo Ivar con seriedad mientras Kon le miraba con los ojos muy abiertos.
Lentamente, me levanté y le miré. —¿Qué? —pregunté con una cara de asombro.
—He dicho que puedes irte. No te retendremos ni nos interpondremos en tu camino. —Respondió con seriedad.
—Debes estar enfermo, bastardo loco. —Kon escupió con rabia.
—Tienes una hora para dejar la manada, Mina, te daré la libertad que necesitas y anhelas. Si pasa una hora si