Una mano se posó sobre mi hombro y lo apretó con suavidad. Alcé la vista y encontré a Enzo mirándome con algo que podría haber sido compasión.
Casi sonreí ante su expresión. Y pensar que creía que apoyaba por completo las tendencias narcisistas de Giovanni.
—No te preocupes —dijo con suavidad—. Solo… procura no hacerlo enfadar y todo irá bien.
Eso fue suficiente para romper la sensación que tenía en el pecho, y solté una risa burlona.
—Alguien debería decirle lo mismo a él —murmuré por lo bajo.
—¡He terminado! —anunció Claire con entusiasmo, dando un paso atrás para admirar su trabajo.
—Te espero afuera —dijo Enzo, dirigiéndose a la puerta—. Tómate tu tiempo.
Cuando se fue, las criadas me ayudaron a cambiarme a un vestido veraniego floral que me hacía parecer lista para una fiesta en el jardín, no para reunirme con el hombre que me había arrojado a una piscina.
Peinaron mi cabello en ondas sueltas que caían sobre un hombro y aplicaron un toque de brillo labial que hacía que mis labios