PUNTO DE VISTA DE ARYA
Los llantos de Dante me despertaron de un sueño inquieto. No sabía si agradecerle o romper a llorar yo también.
Pero ya estaba de pie al instante, moviéndome hacia su moisés por puro instinto.
—Shh, bebé. Está bien. Mamá está aquí.
Supe de inmediato que tenía hambre; su carita estaba fruncida y roja. Lo levanté y me senté en la mecedora para amamantarlo.
—Buenos días, mi niño —murmuré, acariciando su suave cabello—. Espero que no hayas llorado mucho.
Se prendió a mi pecho