Regresé al salón de la recepción con Jasmine a mi lado, sintiéndome más serena que cuando había huido al baño.
Mis ojos recorrieron la sala de inmediato, buscando la imponente figura de Giovanni entre los invitados dispersos.
No estaba allí. Enzo tampoco.
—¿Buscas a tu esposo? —preguntó Jasmine con un tono burlón.
—Solo… tratando de ubicarme —mentí. Pero la verdad era que la ausencia de Giovanni me ponía nerviosa.
Cuando podía verlo, podía anticipar sus movimientos. Pero cuando desaparecía, cualquier cosa podía pasar.
—Probablemente estén hablando de negocios —dijo Jasmine, como si leyera mis pensamientos—. Los hombres siempre se escabullen durante eventos como este. Me vuelve loca, la verdad. Enzo prometió que se quedaría cerca hoy.
Forcé una sonrisa.
—Seguro regresan pronto.
—Estaremos por allí si nos necesitas —dijo Jasmine, señalando una pequeña zona de asientos donde se habían reunido algunos invitados—. No dudes en venir a buscarme si todo vuelve a ser demasiado.
—Gracias —respo