Capítulo 102. Un juego de voluntades.
Axel, quien había permanecido lo suficientemente paciente, para sus estándares, se irguió con una calma peligrosa y se dirigió a Mario con su tono más frío.
—Bueno, al parecer se terminó el espectáculo —dijo, tomando a Alicia del brazo con suavidad inusual—. Mario, ya visitaste a mi hermana, ya puedes irte. No veo qué más tienes que hacer aquí —su mirada fue un claro aviso—. No me agrada que estés rondando a mi esposa.
Mario alzó una ceja, recobrando de inmediato su compostura de empresario con