El silencio en el penthouse era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Habían pasado tres horas desde el incidente en el restaurante, y Valeria permanecía encerrada en la habitación principal, con la espalda apoyada contra la puerta del baño y la mirada perdida en algún punto del techo. Su respiración, aunque calmada, escondía una tormenta interior que amenazaba con desatarse en cualquier momento.
Aleksandr no había regresado aún. Después de dejarla en el penthouse con órdenes estrictas d