Todos comenzaron a aplaudir mientras yo solo los observaba. No había dudas: todos aquí iban a morir. Sus aplausos resonaban huecos y vacíos, como si estuvieran celebrando su propia condena.
—Espero que eso no lo moleste, sabemos que usted estaba vinculado con esa loba —mencionó la anciana—, pero aún después de la muerte de ella usted sigue mostrando fortaleza. Me alegra que el vínculo no exista.
—¿Eso le alegra? ¿Y quién dice que rompí el vínculo? Perder a la mujer que amo me destruyó, me cons