70. Lana
UNA HORA ANTES:
Eryx se detuvo en seco.
Había salido para asegurarse de que los límites estuvieran protegidos. Necesitaba distracción de sus pensamientos que cada vez se volvían más repetitivos pero su cuerpo lo traicionó. Su olfato, su instinto, todo en él giró con brutalidad hacia una sola dirección.
No porque oliera peligro.
Sino porque ella estaba allí.
Eryx no solía pasear por la habitación de los cachorros de las concubinas, de hecho, se mantenía todo lo alejado que podía de los cachor