65. No hay marcha atrás
Había logrado escapar tan fácilmente que eso le provocaba desconfianza.
El bosque estaba húmedo y cada rama que arañaba su piel parecía castigarla por una decisión que aún no terminaba de tomar.
Lana corría, pero no sabía si lo hacía para escapar de Eryx o de sí misma.
El calor entre sus piernas la obligaba a apretar las piernas con cada paso, pero el cuerpo no obedecía.
Nada obedecía.
Su loba que aún no despertaba estaba en celo y ella luchaba por mantenerse en control.
Pero ya no lo tenía.
No