36. Mientras te devoro
El agua caliente la envolvió dándole una sensación de confort a la que podría adaptarse. Zoe suspiró de placer, cerrando los ojos un instante para después, ver como Caius se arrodillaba al lado de la bañera, remangándose la camisa rota hasta los codos mostrando sus antebrazos surcados de venas y músculos.
Zoe apenas podía concentrarse en otra cosa que no fuera él, todavía estaba tan mojada y necesitada que se sentía avergonzada pero la relajó un poco que Caius parecía ignorar ese hecho.
Aunque