27. Súplica implícita
Zoe temblaba debajo de él con el cuerpo aún sacudido por las réplicas del orgasmo que le había arrancado con la boca.
Sus muslos seguían abiertos, su centro brillante y sensible. Sus ojos hermosos lo miraban vidriosos con las mejillas ardiendo y los labios entreabiertos soltando pequeños jadeos que no podía controlar.
Estaba más hermosa que nunca con su largo cabello claro esparcido por la almohada mientras uno que otros mechones se pegaban a su rostro hermoso.
Caius se inclinó sobre ella, apoy