**Punto de vista de Noah**
Para cuando llegué al piso ejecutivo, el olor me golpeó. No solo el aroma a pólvora y ozono, sino el toque metálico de la sangre.
Me detuve en la entrada de mi oficina. Mi escritorio, una sólida losa de roble tallado a mano, había sido partido por la mitad. Mis expedientes, la sangre vital de todas las rutas, revoloteaban con el viento que silbaba a través de las ventanas destrozadas. Y allí, desplomada contra el archivador de caoba, estaba Sarah.
Mi secretaria. La mu