Punto de vista de Cassian
El vapor era un manto espeso y sofocante que sabía a lavanda y al toque metálico de mi propia autodestrucción. Sabía que debía irme. Sabía que cada segundo que pasaba en esa habitación, respirando el aroma de una mujer que no era Aria, estaba cavando la tumba de lo poco que quedaba de mi honor.
“No mires la puerta, Cassian”, susurró ella, su voz como una cinta de seda enredándose alrededor de mi cuello. “No hay nada ahí afuera para ti, solo fantasmas.”
Se acercó un pas