A.J.
— ¡Maldición! –Golpeo con fuerza la mesa –. Tengo que huir, todas las cuentas a mi nombre están bloqueadas, eso me dice una sola cosa – ¡Bestia maldita! Debiste quedarte en tu agujero.
Ahora debo esconderme como una vil rata, solo por si acaso. La idiota de Karla nunca se dio cuenta de los papeles que le di a firmar, en todo caso ella es la única que quedara como culpable de los desfalcos y las cuentas en Las Canarias y Anguila están a su nombre, lo malo es que son las cuentas que tienen l