Elizabeth.-
Nuestras respiraciones agitadas, intentaban encontrar su ritmo, era difícil hacerlo en silencio con una niña a unos pocos metros de distancia, el primer rayo del sol se colaba sobre nuestros cuerpos desnudos.
— Te amo –comenta –, te amo tanto –sus labios deslizándose sobre mi cuello.
— Tendrás que decir muchos para que logre perdonarte –respondo acariciando su espalda, aquella marcada por cada una de mis uñas, ya que no puedo gemir alto. –también te amo –el momento de nuestra entreg