Cap. 84: Orgullo herido.

Teo bajó un poco la cabeza, pero no el tono de voz.

—Yo no quiero que Lisandro siga molestándote, mamá —dijo con firmeza—. Por eso decidí buscarle una novia.

Lisandro lo miró, primero desconcertado, luego dolido. Dio un paso hacia él, con las cejas fruncidas y el rostro sombrío.

—No tienes que mentir para defender a Iker —murmuró, con un deje amargo que apenas logró ocultar.

Teo alzó la cabeza, y sus ojos ambarinos lanzaron un rayo de indignación.

—¡No estoy diciendo mentiras!

En ese momento, c
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