Cap. 50: Teo está conmigo, él me cuida.
Lejos de los oídos de los niños, uno de los secuestradores marcó con manos temblorosas. El otro miraba hacia la puerta entreabierta, como si esperara que algo, o alguien saliera de las sombras.
—Tenemos a los niños —dijo apenas el tono fue respondido del otro lado—. ¿Qué hacemos con ellos?
La voz que respondió al otro lado del teléfono fue un rugido:
—¡Par de imbéciles! —bramó el jefe—. ¡Les dije claramente que trajeran al hijo de Lisandro Elizalde! ¡No a cualquier mocoso que se cruzaran!
Hubo