Cap. 279: Un amor inesperado.
CAP. 96
A primera hora de la mañana, el ambiente en la sala de juntas de la empresa era gélido y cargado de una autoridad renovada. Teo Balmaceda presidía la mesa, flanqueado por los mellizos Díaz. Mara mantenía una postura rígida, con su computadora abierta frente a ella, mientras Armando observaba a los miembros del consejo con una desconfianza evidente.
Teo tomó la palabra sin rodeos, con una voz que resonó en las paredes de cristal.
—Hemos convocado esta reunión para informarles oficialment