Cap. 119: Entregó su vida por amor.
Berenice caminaba por el pasillo de su casa con una taza de té entre las manos, intentando calmar esa extraña sensación en el pecho que tenía desde la mañana, era como una especie de mal presentimiento.
De pronto la única empleada que quedó a su servicio entró corriendo al salón.
—¡Señora, encienda el televisor! —exclamó agitada.
Berenice frunció el ceño.
—¿Qué ocurre? ¡Yo no veo esas porquerías de programas que dan en la televisión!
—Están hablando del señor Lisandro.
Cuando Berenice escu